¿Quién le teme a López Obrador?

junio 24, 2006

Flores
Ayer, discutí sobre lo que se juega en la coyuntura electoral actual en México. El pretexto fue un artículo en el blog de Rodolfo Soriano titulado "Por el bien de todos… Irresponsabilidad y conflicto". En este artículo, se insiste en la acusación que los panistas han estado lanzando contra López Obrador de estar inmiscuído en el conflicto magisterial en Oaxaca. López Obrador ha negado estar metido en el conflicto, al tiempo que pide a las autoridades que agoten los mecanismos propiamente políticos (el diálogo y los acuerdos dentro del marco de la ley) para resolverlo en lugar de recurrir a la violencia en primera instancia. Yo no hice alusión a estas aclaraciones de López Obrador, porque es caer en los dimes y diretes.

Más bien, lo que hice fue arguir que las razones últimas de los conflictos sociales no son líderes mañosos, sino la desigualdad social tan grande que divide a México. Rodolfo me respondió y, anoche, me puse a redactar una larga respuesta a su respuesta. Quienes tengan interés en leer el artículo de Rodolfo y mis comentarios originales pueden visitar su blog en http://mexicodesdefuera.blogspot.com/

Ajusté ligeramente lo que planteé en mis comentarios en el blog de Rodolfo. Y lo reproduzco a continuación. Es mi entrega del día.

* * *

Los conflictos en México no son, en lo fundamental, el resultado de las mañas de López Obrador o de políticos irresponsables y maquiavélicos. Las razones son mucho más hondas. La razón última es la horrorosa desigualdad social que prevalece en México. Si en México existiera un módicum de equidad social, ningún político, por carismático que fuera, podría inducir a la gente al tipo de conflictos que hoy se observan en el país.

El problema es que los privilegiados, los que se sienten dueños de México, se sienten amenazados por cualquier política que tienda a emparejar las cosas. Ellos están arriba. Disfrutan de la desigualdad. Pero son una minoría. A ellos les ayuda que muchos en la clase media educada, gente que tiene acceso a Internet y viaja al extranjero, vea la desigualdad como quien oye llover y no se moja. Pero las cifras oficiales son pavorosas: la mitad de los mexicanos vive en la pobreza. Esa gente cuenta. Son tan seres humanos como los que tienen mucho. En una democracia mínimamente efectiva, los derechos de las minorías deben respetarse, pero las minorías no pueden imponer sus condiciones a las mayorías.

Es cierto lo que dice AMLO: cuando el gobierno en México le echa la mano a los ricos, eso se llama "fomento" y "estímulo a la inversión". Pero cuando le echa la mano a los pobres, es "populismo" o "paternalismo". Se presume incluso, sin sustento lógico ni evidencia de hecho, que la acción pública para ayudar a quienes menos tienen constituye un pecado de lesa macroeconomía. Esta actitud, de la que las clases rica y media alta en México parecen estar imbuídas hasta la médula, es racista y antihumana. Un orden social basado en esto no se puede sostener por mucho tiempo. En todo caso, hay que agradecerle a AMLO la disposición (a pesar de lo que se le achaca) a intentar cambios por los cauces cívicos, porque — honradamente — la tentación de usar la violencia para tratar de resolver estas disparidades es muy alta. Y no se puede culpar de ello a los amolados.

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Leopoldo Solís, un economista mexicano conservador de los años del desarrollismo mexicano, lo admitió en su libro "La realidad económica mexicana": Sin los repartos agrarios cardenistas (que los alzamientos anteriores de Zapata y Villa volvieron indispensables) en los 1930, el prolongado crecimiento económico subsiguiente en México no habría sido posible.

¿Por qué no? Porque no habría habido paz social, es decir, la estabilidad y certidumbre básicas para que una economía marche. Para darse una idea de lo que esos repartos significaron, hay que tener en cuenta que en los años 1930, México era un país eminentemente rural y la forma principal de la riqueza era la propiedad rústica. No digo que los repartos cardenistas hayan sido condición suficiente para la paz social priísta que el país disfrutó a pesar de sus muchos defectos hasta el 2000 y cuya secuela benefició al propio Fox, pero fue condición necesaria. Sin esa redistribución que las balas zapatistas y villistas hicieron posible, ¿qué pueblo habría aguantado la crisis de la deuda sin revoluciones violentas y cuartelazos?

Los economistas especializados en materia de crecimiento han hallado (a partir del análisis de grandes paneles de datos internacionales comparables compilados en los 1980 y 1990) que hay una relación inversa entre desigualdad inicial y crecimiento ulterior. Eso es de sentido común. En la postguerra, los países de Asia, gracias a los repartos agrarios *radicales* que tuvieron lugar bajo la administración de Douglas McArthur, después de la derrota japonesa (el militarismo japonés tenía una de sus bases sociales en los terratenientes) fueron los países que tuvieron un crecimiento más dinámico en la postguerra. Y, por el contrario, los países de África y América Latina (con la excepción parcial de México, porque Cárdenas dejó sin repartir mucha de la tierra reclamada por las comunidades campesinas), países lastrados por una salvaje herencia colonial y la falta de coherencia nacional, se quedaron atorados.

* * *

Puntos en respuesta a una nota de Rodolfo Soriano:

1. Leopoldo Solís fue conservador en sus concepciones de política económica. Es cierto que fue (¿es?) priísta y trabajó en el equipo de Luis Echeverría (a quien la derecha en México considera el paradigma del extremismo comunista mexicano), pero su libro "La realidad…" fue publicado en 1970, antes del echeverriato y es un elogio a las políticas ortodoxas de Ortíz Mena (bautizadas como "desarrollo estabilizador"). Solís fue educado en New Haven (Yale), en los 1950, en donde absorbió las doctrinas ortodoxas que estaban entonces en boga. En la academia de Estados Unidos, el keynesianismo (que aboga por la acción pública en la economía) se volvió dominante en Estados Unidos hasta los 1960, conforme las obras de Hicks y, sobre todo, Paul Samuelson fueron ganando conversos.

2. El reparto agrario no hubiera sido posible sin el baño de sangre que fue la revolución mexicana, sin la entrada de Villa y Zapata a la Ciudad de México, etc. Eso lo dice hasta Enrique Krauze, en las biografías de los implicados: Zapata, Villa y Cárdenas. Una anécdota personal: A pesar de mi seudónimo anorteñado, provengo de una familia de terratenientes porfiristas de la Tierra Caliente de Guerrero. Mi bisabuelo fue un coronel porfirista, hermano de un juez de la Suprema Corte de Justicia y senador. Ambos perdieron la mayor parte de sus propiedades durante los años del reparto agrario cardenista. En su muy temprana juventud, mi padre anduvo alzado peleando contra "los agraristas". La situación social en la región en los años de la post-revolución era un polvorín y gracias al reparto agrario, las cosas se calmaron mucho.

Yo recuerdo muy vagamente (en parte, por anécdotas que escuché de grande) que, en los tiempos en que el Gral. Cárdenas estaba al frente de la Comisión del Balsas (principios de los 1960), haciendo gestiones para represar el Río Balsas y construir la presa del Infiernillo para darle electricidad a la Ciudad de México, el General mismo se reunió muchas veces con los campesinos y terratenientes (venidos a menos) de la región. Hubo reproches y todo, pero la diplomacia del General hizo que la gente aceptara de relativo buen grado el sacrificio que tuvieron que hacer de perder las "pocas" tierras que les dejaron en aras de la electrificación de la Ciudad de México. Mi padre y mis tíos por el lado materno, de familias anti-cardenistas de hueso colorado, no pudieron resistir la "charm offensive" del Gral. Cárdenas y se volvieron admiradores de él. Les cayó el veinte.

Pero, no abogo por un nuevo reparto agrario. Lo mencioné como ilustración histórica de mi argumento. Hoy día, la propiedad de la tierra en el campo no tiene la importancia económica que tuvo en el pasado. Hoy México es un país urbano. Abogo por una redistribución ordenada de la riqueza, de acuerdo con las pautas delineadas por López Obrador: eliminación de los privilegios fiscales, austeridad republicana, luchas contra la evasión fiscal, la elusión fiscal y la corrupción. Y gasto público debidamente dirigido y sometido a una disciplina financiera y fiscal rigurosa.

3. Por lo que sé, López Obrador no está proponiendo expropiaciones ni cosa por el estilo. Por razones económicas, los recursos naturales y algunas actividades primarias básicas como la extracción del petróleo y gas naturales, y actividades secundarias como la petroquímica básica y la generación y distribución de electricidad, deben seguir en manos públicas. Los recursos naturales son bienes públicos y deben ser administrados como tales. La petroquímica básica y la generación y distribución de electricidad son lo que los economistas llaman "monopolios naturales". La propia teoría económica ortodoxa admite que, ante la existencia de monopolios naturales, el mercado distribuye los recursos en forma ineficiente. Hay pues espacio para la acción pública bien concebida.

4. Se alude a la diferencia entre un Mugabe en Zimbawe y un Mandela en Sudáfrica. Uno — según la prensa estadounidense y británica — permite y alienta la venganza envidiosa de los pobres contra los ricos, las expropiaciones a sangre y fuego de los terratenientes blancos, asustando la inversión y desbaratando las redes de comercio de productos primarios que Zimbawe tenía hasta hace poco con el norte de Europa. El otro tiene el tino de buscar la reconciliación racial y seguir una estrategia gradualista en lo económico. Esto es tal vez cierto, pero hay que entender que los Mugabes no caen del cielo, sino que emergen o — en todo caso — empatan bien en condiciones de descomposición social resultantes de la desigualdad. En Zimbawe, la desigualdad tiene raíces profundas en la época colonial. Mugabe ha empeorado cosas de suyo terribles e insostenibles. El decir otra cosa, aunque sea en el New Yorker (no he leído un artículo en se aborda este tema, es decir, hablo aquí a la ligera), es ignorar la brutal herencia colonial inglesa y pretender que un paraguas mal hecho es el causante de las lluvias que nos empapan.

El insinuar que López Obrador es el equivalente mexicano de un Robert Mugabe es una tremenda exageración. En todo caso, López Obrador está más cerca de un Mandela que de un Mugabe. Por eso, quienes queremos sinceramente evitar que el equivalente mexicano de un Mugabe se encarame en el poder en México, necesitamos apoyar a alguien como López Obrador. Es más, si un Mugabe llega a hacerse del poder en México, la responsabilidad por las atrocidades que puedan tener lugar no va a escapar a esos ricachos mexicanos que se sienten dueños del país y se niegan a ceder en el más mínimo de sus privilegios en aras del interés de las mayorías.

5. Según entiendo, con López Obrador, los mecanismos principales de redistribución del ingreso nacional y, a la larga, de parte importante de la riqueza nacional, no van a ser las expropiaciones a punta de fusil, sino la eliminación de los privilegios fiscales, la obturación de los agujeros en la legislación fiscal (los famosos "loopholes") por los que los ricos se le escabuyen al SAT, la prohibición de las mañas contables para eludir el espíritu de las leyes tributarias, la reducción drástica de la corrupción, el abandono del dispendio oficial, por un lado. Y, por otro lado, el uso de los recursos fiscales así acrecentados para mejorar la salud pública, la educación (lo que los economistas llaman la "acumulación del capital humano", el recurso en que se centra y va a resolverse la competencia económica en este siglo 21), las obras públicas y de infraestructura. Si esos recursos se utilizan con debida prudencia financiera, es mucho lo que se puede conseguir.

6. ¿Creo incautamente que López Obrador va a habilitar la realización de una agenda tan ambiciosa? Sí lo creo, aunque no con certeza absoluta. Es decir, no lo veo improbable. Y me parece absolutamente indispensable. El PAN, con Fox, demostró su incapacidad para hacer los cambios que el país requiere. El PRI, red de intereses corruptos, carece de credibilidad. El PRD tiene cosas que no me agradan (algunas de ellas andan ahora coqueteando con Fox), pero López Obrador, como jefe de gobierno del DF, demostró autonomía de vuelo y — mientras no se le demuestre lo contrario — congruencia y honestidad básicas. Por eso lo apoyo. Le corresponde a la ciudadanía de México exigirle, con participación, que cumpla lo prometido.


Ataque cibernético contra el sitio web de Andrés Manuel López Obrador

junio 23, 2006

López Obrador
No he tenido tiempo de sentarme a escribir en la bitácora. He andado muy a la carrera en estos últimos días, porque el verano ya está encima.

Pero acabo de notar que ciber-vándalos atacaron el sitio web de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial en México. Por lo menos desde las 8 AM (7 AM hora del centro de México) y hasta, aproximadamente, las 9:45 AM (8:45 AM en México), el portal de los sitios referidos a continuación tenía grandes bloques en negro y una inscripción en ciber-graffiti que decía:

"Hacked by Hinx3 and Red-Point"

Al momento de escribir esta nota, los sitios están desactivados:

www.amlo.org.mx

www.lopezobrador.org.mx

El sitio del PRD parece estar funcionando normalmente:

www.prd.org.mx


Se vale utilizar seudónimos en la red (por razones de privacidad), pero no se vale utilizar el anónimato que da un seudónimo para cometer barbaridades, ofender a terceros y violar la ley. Hay que pelear con lealtad. Que se investigue quién cometió este ataque y que se le castigue. Cualesquiera hayan sido los fines de los ciber-vándalos, la gente no debe tener miedo y salir el 2 de julio a votar y poner en su lugar a quien corresponda.


El debate (2)

junio 7, 2006

Andrés Manuel López Obrador
Calderón remachó la cantaleta de que AMLO representa un riesgo para México. En mi opinión, el verdadero riesgo para México es dejar que la desigualdad y la pobreza de la mitad de los mexicanos sigan echando a perder la vida social y política de la nación. El riesgo más explosivo para México es mantener la política económica actual y las inercias que resultan del dogmatismo fundamentalista-de-mercado y la clara incompetencia en la administración de la política económica. (Los panistas han demostrado ser formidables en sus campañas políticas, pero luego fallan miserablemente cuando de cumplir se trata. El ejemplo paradigmático es Vicente Fox. No hay nada que me indique que Calderón va a ser muy diferente.)

Hice un par de intentos de ver el debate en el video “streamer” de TV Azteca (que se ofrecía gratis). No pude ver sino algunos trocitos. Al final decidí escucharlo en iTunes sintonizado en Radio Fórmula. Lo que percibí fue un debate muy parejo. Adriana Pérez Cañedo, la moderadora, es el tipo de mujer con el me habría casado si la bella mujer que hoy tengo en casa no me hubiera embriagado de amor tan hasta las chanclas.

Para decirlo con toda franqueza, Calderón me pareció efectivo. Obviamente se preparó muy bien para el debate. Tiene habilidad oratoria. Fue rápido en sus reacciones, muy fluido en su discurso. Seguramente, han hecho todo tipo de encuestas y “focus groups” para ver lo que funciona y lo que no. Tiene buenos asesores de imagen (El Wall Street Journal dice que le aconsejaron hacer el gesto frecuente de presentar las palmas de las manos hacia arriba cuando se halla ante las cámaras para que quienes se van con esas fintas crean que tiene “manos limpias”).

Ha tenido que suavizar su agenda para podérsela vender a los votantes mexicanos de bajos ingresos. Por ejemplo, se compromete a no privatizar PEMEX ni la CFE. Se compromete a ayudar a los campesinos productores de maíz que van a resultar damnificados por el TLCAN cuando se abra totalmente ese renglón en el 2008. Y ha estado robándole a regañadientes algunas ideas a la izquierda en cosa de “estado de bienestar”.

Lo que debe quedarle muy claro a la gente es que ofrece no privatizar PEMEX y subsidios a los campesinos porque sabe que de otro modo le resultaría muy difícil ganar la presidencia (además de que, aparentemente, los activos públicos son un negocio extraordinario para su cuñado). Se trata de retiradas tácticas, no de un cambio en sus concepciones estratégicas.

Hoy, el Wall Street Journal trae un artículo en primera plana en el que se dice que los que le manejan la imagen y la mercadotecnia política de Calderón tienen el objetivo de robarle a AMLO votantes urbanos de “clase media baja” con los que AMLO ha estado contando. Gente como la que vive en las colonias de gente no tan pobre en, digamos, Tlalnepantla o Ecatepec. ¡Aguas AMLO!

¿Qué me pareció AMLO? Me pareció muy bien. Sonaba muy relajado y enfático sin parecer tan alterado como Calderón. Mucho más fluido que en las entrevistas televisadas que le he visto en su sitio web (www.amlo.org.mx). O sea que también se preparó bien. Repite mucho de lo que dice en sus entrevistas. Eso le molesta a los “pundits”, a los comentaristas políticos de oficio, pero es algo que funciona con la gente. La gente necesita escuchar eso una y otra vez. Llamó a la gente a comportarse con valentía. Muy bien.

¿Por qué hace falta la valentía de la gente ante la elección presidencial? Porque la estrategia panista se basa en meter miedo. Un poquito se basa en ese optimismo ramplón de los libros de “superación personal” de tres por peso. “Quiero un México ganador”, repitió Calderón. Ganador, ganar, ganancia. Por ahí va lo suyo. Calderón, como buen banquero que ha sido, quiere un México en donde unos cuantos ganen a expensas de las mayorías. Pero, repito, para debilitar a AMLO, lo que buscan es inculcarle miedo a la gente. El peligro rojo, la cubanización, el chavismo, la violencia de Atenco. Patrañas. O, mejor dicho, una amenaza apenas velada de que van a recurrir a todo para detener políticas que les afecten. Nada que un pueblo organizado y despierto no pueda desactivar.

Hay signos ominosos de que los intereses que están detrás de Calderón, los que quieren a Calderón en la presidencia, los “picudos” como los llama AMLO, están dispuestos a recurrir a trucos muy sucios para detener a López Obrador. En México, ya se sabe que las campañas presidenciales — desde que me acuerdo — van acompañadas de rumores de golpes de estado, asesinatos políticos (incluyendo el magnicidio), etc. Ayer, coincidiendo con el debate, ocurrió ese sospechoso incidente de la camioneta de la esposa del empresario encarcelado Ahumada. Lo sacó el New York Times en una notita interior. Hoy la señora hace responsable a AMLO. Hmm…

Además de eso, nótese el énfasis que Calderón hace en la mano dura ante la inseguridad, una táctica que apela a los prejuicios de la gente común, encabritada por tanto crimen. Es la misma táctica que usan Sensenbrenner y Bush para vender su muro anti-mexicano. Hay que levantar un muro para que esos mexicanos siniestros no entren. Hay que ponerle candados a las puertas. Hay que sospechar del vecino. Etc. A pesar de que — la historia lo demuestra — esos métodos son, en y por sí mismos, absolutamente ineficaces, si no contraproducentes, para afrontar la inseguridad pública.

A la gente, todo esto le debe indicar el tremendo poder que tiene en sus manos: el voto y la defensa del voto a través de la participación y la movilización. ¿Por qué quieren espantarlos? ¿Por qué quieren ahuyentar a los votantes o inducir un voto miedoso a favor del supuesto candidato que ofrece “estabilidad” y “seguridad”? Porque si dejan que la gente piense tranquilamente en las alternativas que se le ofrecen, puede elegir al candidato que mejor puede hacer avanzar sus intereses y necesidades.

Según las cifras oficiales, la mitad de los mexicanos son pobres. A esa mitad pobre de México y a una rebanada grande del resto de la población les conviene votar por un candidato con la trayectoria y las cualidades personales necesarias para poner primero el interés de los que poco o nada tienen y para hacer que los ricos, principales beneficiarios de un México estable, seguro y con masas dotadas de capacidad de compra, paguen impuestos y no tengan otros privilegios que los que su riqueza legal y legítimamente utilizada les brinda.


El debate (1)

junio 7, 2006

Al ratito doy mi opinión sobre el debate, que escuché a trozos con mi iTunes conectado a Radio Fórmula. A cada rato se desconectaba el “streaming”, porque — supongo — el servidor se les saturó de demandas. Lo que puedo adelantar ahora es que estuvo muy bueno. Creo que AMLO hizo un buen papel reforzando las ideas que ha venido planteando en mítines y entrevistas (www.amlo.org.mx).

Lo que me llamó mucho la atención (sin sorprenderme) fue la opinión unánime de los comentaristas de Radio Fórmula (incluyendo un líder del Consejo Coordinador Empresarial invitado) de que Calderón había ganado y que AMLO había “mentido”. Eso dijeron y remacharon sin precisar cuál había sido la mentira dicha por AMLO. ¿Mintió AMLO al decir que el cuñado de Calderón es un corruptazo? No lo demostraron los comentaristas.

En todo caso, lo que se demuestra es que no nos podemos sustraer a nuestros intereses y prejuicios. Lo digo autocríticamente, porque francamente yo escuché otro debate distinto del que escucharon estos de Radio Fórmula. Por cierto, algo decepcionante es el nivel de los foros de Internet, tanto en TV Azteca y El Universal como en terra.com, sobre el debate. Alguien estaba haciendo “Paste + Enter” repetitivamente, a mil por hora, en el “chat room” con un enunciadito que decía: “EL PEJE ES UN PEJENDEJO. NO SAVE [sic] NI HABLAR”.

Además de mi opinión sobre el debate, otra notita que prometo para después es un análisis (breve) del feroz artículo que Enrique Krauze escribió contra AMLO, “El Mesías Tropical” (Letras Libres, junio del 2006). Yo creo que Krauze es sincero en sus opiniones y sospechas sobre el carácter de AMLO, pero creo que eso revela mucho más los prejuicios y valores profundamente conservadores de Krauze que la supuesta duplicidad de AMLO. No creo que necesitemos idealizar o inventarle virtudes a AMLO como líder político para reconocer que está muy por encima de sus adversarios principales (Calderón y Madrazo), tanto en trayectoria como en motivaciones personales. Les da el 20 y las malas.


Desigualdad social y elecciones presidenciales en México

junio 6, 2006

Hoy es el día del segundo debate de candidatos presidenciales en México. Le voy a Andrés Manuel López Obrador. Y para empezar mi bitácora, voy a pegar abajo una nota que mandé al semanario Proceso. En ella disputo uno de los argumentos ideológicos favoritos de la derecha en México.

En México, el servilismo ideológico hacia la idea de que los “mercados libres” lo arreglan todo en la economía toma una forma muy burda: el del miedo a que “la inversión” se vaya, en donde “inversión” quiere decir la de los pocos en México que tienen mucho y la de los pocos en Wall Street que ponen su capital a especular en México.

No saben los incautos que con un programa económico que atienda el problema social secular de México — y, por ende, le dé solidez y viabilidad a la nación — muchos más inversionistas van a buscar mandar su capital a México. No sólo eso, sino que los inversionistas van a tratar con más respeto a las leyes mexicanas y a los mexicanos mismos. Hay muchísmo capital en este y otros países que no sale al extranjero porque entiende que un régimen fundado en la desigualdad es inestable y, en algunos casos, porque no quiere ser cómplice de políticas en favor de la plutocracia local y la rapacidad imperialista.

* * *

Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador tiene razón: el problema económico fundamental de México hoy día es la horrenda desigualdad en la distribución de la riqueza física y humana. México tiene niveles de desigualdad en la distribución de la riqueza tan espeluznantes como los que se observan en los países del África subsahariana. Con tanta desigualdad, la economía se atasca y los procesos políticos se vician. Reducir drásticamente tanta disparidad es la primera prioridad política y económica en México hoy día.

El mercado, como la democracia política, es un mecanismo que la gente utiliza para negociar sus intereses. En el caso del mercado, la gente intercambia bienes sobre la base de la voluntariedad. Si hay verdadera voluntariedad, en muchos casos (aunque no en todos), ambas partes se pueden beneficiar — o por lo menos una de ellas se puede beneficiar sin que la otra se vea afectada. Sin embargo, la condición para que exista verdadera voluntariedad es que haya entre las partes negociadoras una cierta equidad en las condiciones iniciales.

Cuando hay mucha desigualdad inicial, las voluntariedad es una farsa. Por parafrasear a Karl Marx, ¿qué igualdad legal puede existir en el mercado laboral entre un trabajador que no tiene que comer y el capitalista que lo alquila? Como dicen los expertos en computadoras: “garbage in, garbage out” (si metes basura, sacas basura). Si las partes negociadoras tienen un poder inicial muy desigual, entonces la resultante de las transacciones mercantiles o políticas es más desigualdad. El mercado y la democracia se convierten en una cortina que sólo sirve para disimular el abuso del débil por el poderoso.

Por si esto no fuera de sentido común y necesitara la validación de una autoridad, sépase que lo que planteo está perfectamente documentado por la alta teoría económica reciente y por la investigación empírica seria de la historia económica. Por desgracia, en México, lo que se estudia y lee de alta teoría económica es una caricatura, de acuerdo con la cual — siempre y en todo lugar — los mágicos mercados son el mecanismo óptimo de asignación de los recursos a sus mejores usos. Y esta bazofia ideológica (por lo demás obsoleta) es lo que le imparten a los estudiantes de economía en el ITAM, el CIDE, el ITESM, etc. — de cuyos graduados se nutre la tecnocracia mexicana.

En resumen, si no por consideraciones de equidad y justicia distributiva, por meras razones de eficiencia macroeconómica dinámica, es indispensable que la política económica de México cambie drásticamente. En mi opinión, AMLO — no sólo por su perfil personal decente — es el candidato que tiene el mejor plan para cambiarla.

Sin recurrir a la manipulación de la política monetaria o cambiaria (aunque yo no confío en el buen juicio técnico del Banco de México, AMLO hace bien en no echarle la bronca), se necesita eliminar los privilegios fiscales de que gozan los ricos, ampliar la base fiscal a expensas de los que más tienen y no pagan, combatir la corrupción poniendo el ejemplo con los de mero arriba, renovar y extender la infraestructura pública de comunicaciones y transportes, capitalizar a PEMEX y reforzar la petroquímica, apoyar al campo con gasto público, ampliar la cobertura en educación pública media y superior y mejorar la calidad en los niveles básicos, renegociar el TLCAN y apoyar las demandas de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos. Para poder avanzar en esta agenda se necesitan dos cosas: un gobierno que no tenga compromisos con la plutocracia y la participación activa, el protagonismo constante de la gente.

Es por el bien de todos.


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