Desigualdad social y elecciones presidenciales en México

Hoy es el día del segundo debate de candidatos presidenciales en México. Le voy a Andrés Manuel López Obrador. Y para empezar mi bitácora, voy a pegar abajo una nota que mandé al semanario Proceso. En ella disputo uno de los argumentos ideológicos favoritos de la derecha en México.

En México, el servilismo ideológico hacia la idea de que los “mercados libres” lo arreglan todo en la economía toma una forma muy burda: el del miedo a que “la inversión” se vaya, en donde “inversión” quiere decir la de los pocos en México que tienen mucho y la de los pocos en Wall Street que ponen su capital a especular en México.

No saben los incautos que con un programa económico que atienda el problema social secular de México — y, por ende, le dé solidez y viabilidad a la nación — muchos más inversionistas van a buscar mandar su capital a México. No sólo eso, sino que los inversionistas van a tratar con más respeto a las leyes mexicanas y a los mexicanos mismos. Hay muchísmo capital en este y otros países que no sale al extranjero porque entiende que un régimen fundado en la desigualdad es inestable y, en algunos casos, porque no quiere ser cómplice de políticas en favor de la plutocracia local y la rapacidad imperialista.

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Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador tiene razón: el problema económico fundamental de México hoy día es la horrenda desigualdad en la distribución de la riqueza física y humana. México tiene niveles de desigualdad en la distribución de la riqueza tan espeluznantes como los que se observan en los países del África subsahariana. Con tanta desigualdad, la economía se atasca y los procesos políticos se vician. Reducir drásticamente tanta disparidad es la primera prioridad política y económica en México hoy día.

El mercado, como la democracia política, es un mecanismo que la gente utiliza para negociar sus intereses. En el caso del mercado, la gente intercambia bienes sobre la base de la voluntariedad. Si hay verdadera voluntariedad, en muchos casos (aunque no en todos), ambas partes se pueden beneficiar — o por lo menos una de ellas se puede beneficiar sin que la otra se vea afectada. Sin embargo, la condición para que exista verdadera voluntariedad es que haya entre las partes negociadoras una cierta equidad en las condiciones iniciales.

Cuando hay mucha desigualdad inicial, las voluntariedad es una farsa. Por parafrasear a Karl Marx, ¿qué igualdad legal puede existir en el mercado laboral entre un trabajador que no tiene que comer y el capitalista que lo alquila? Como dicen los expertos en computadoras: “garbage in, garbage out” (si metes basura, sacas basura). Si las partes negociadoras tienen un poder inicial muy desigual, entonces la resultante de las transacciones mercantiles o políticas es más desigualdad. El mercado y la democracia se convierten en una cortina que sólo sirve para disimular el abuso del débil por el poderoso.

Por si esto no fuera de sentido común y necesitara la validación de una autoridad, sépase que lo que planteo está perfectamente documentado por la alta teoría económica reciente y por la investigación empírica seria de la historia económica. Por desgracia, en México, lo que se estudia y lee de alta teoría económica es una caricatura, de acuerdo con la cual — siempre y en todo lugar — los mágicos mercados son el mecanismo óptimo de asignación de los recursos a sus mejores usos. Y esta bazofia ideológica (por lo demás obsoleta) es lo que le imparten a los estudiantes de economía en el ITAM, el CIDE, el ITESM, etc. — de cuyos graduados se nutre la tecnocracia mexicana.

En resumen, si no por consideraciones de equidad y justicia distributiva, por meras razones de eficiencia macroeconómica dinámica, es indispensable que la política económica de México cambie drásticamente. En mi opinión, AMLO — no sólo por su perfil personal decente — es el candidato que tiene el mejor plan para cambiarla.

Sin recurrir a la manipulación de la política monetaria o cambiaria (aunque yo no confío en el buen juicio técnico del Banco de México, AMLO hace bien en no echarle la bronca), se necesita eliminar los privilegios fiscales de que gozan los ricos, ampliar la base fiscal a expensas de los que más tienen y no pagan, combatir la corrupción poniendo el ejemplo con los de mero arriba, renovar y extender la infraestructura pública de comunicaciones y transportes, capitalizar a PEMEX y reforzar la petroquímica, apoyar al campo con gasto público, ampliar la cobertura en educación pública media y superior y mejorar la calidad en los niveles básicos, renegociar el TLCAN y apoyar las demandas de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos. Para poder avanzar en esta agenda se necesitan dos cosas: un gobierno que no tenga compromisos con la plutocracia y la participación activa, el protagonismo constante de la gente.

Es por el bien de todos.

Una respuesta para “Desigualdad social y elecciones presidenciales en México”

  1. carmina Dice:

    no tiene nada que interese y no se para que escribe asi no encontre la informacion que andaba buscando

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