El debate (2)

Andrés Manuel López Obrador
Calderón remachó la cantaleta de que AMLO representa un riesgo para México. En mi opinión, el verdadero riesgo para México es dejar que la desigualdad y la pobreza de la mitad de los mexicanos sigan echando a perder la vida social y política de la nación. El riesgo más explosivo para México es mantener la política económica actual y las inercias que resultan del dogmatismo fundamentalista-de-mercado y la clara incompetencia en la administración de la política económica. (Los panistas han demostrado ser formidables en sus campañas políticas, pero luego fallan miserablemente cuando de cumplir se trata. El ejemplo paradigmático es Vicente Fox. No hay nada que me indique que Calderón va a ser muy diferente.)

Hice un par de intentos de ver el debate en el video “streamer” de TV Azteca (que se ofrecía gratis). No pude ver sino algunos trocitos. Al final decidí escucharlo en iTunes sintonizado en Radio Fórmula. Lo que percibí fue un debate muy parejo. Adriana Pérez Cañedo, la moderadora, es el tipo de mujer con el me habría casado si la bella mujer que hoy tengo en casa no me hubiera embriagado de amor tan hasta las chanclas.

Para decirlo con toda franqueza, Calderón me pareció efectivo. Obviamente se preparó muy bien para el debate. Tiene habilidad oratoria. Fue rápido en sus reacciones, muy fluido en su discurso. Seguramente, han hecho todo tipo de encuestas y “focus groups” para ver lo que funciona y lo que no. Tiene buenos asesores de imagen (El Wall Street Journal dice que le aconsejaron hacer el gesto frecuente de presentar las palmas de las manos hacia arriba cuando se halla ante las cámaras para que quienes se van con esas fintas crean que tiene “manos limpias”).

Ha tenido que suavizar su agenda para podérsela vender a los votantes mexicanos de bajos ingresos. Por ejemplo, se compromete a no privatizar PEMEX ni la CFE. Se compromete a ayudar a los campesinos productores de maíz que van a resultar damnificados por el TLCAN cuando se abra totalmente ese renglón en el 2008. Y ha estado robándole a regañadientes algunas ideas a la izquierda en cosa de “estado de bienestar”.

Lo que debe quedarle muy claro a la gente es que ofrece no privatizar PEMEX y subsidios a los campesinos porque sabe que de otro modo le resultaría muy difícil ganar la presidencia (además de que, aparentemente, los activos públicos son un negocio extraordinario para su cuñado). Se trata de retiradas tácticas, no de un cambio en sus concepciones estratégicas.

Hoy, el Wall Street Journal trae un artículo en primera plana en el que se dice que los que le manejan la imagen y la mercadotecnia política de Calderón tienen el objetivo de robarle a AMLO votantes urbanos de “clase media baja” con los que AMLO ha estado contando. Gente como la que vive en las colonias de gente no tan pobre en, digamos, Tlalnepantla o Ecatepec. ¡Aguas AMLO!

¿Qué me pareció AMLO? Me pareció muy bien. Sonaba muy relajado y enfático sin parecer tan alterado como Calderón. Mucho más fluido que en las entrevistas televisadas que le he visto en su sitio web (www.amlo.org.mx). O sea que también se preparó bien. Repite mucho de lo que dice en sus entrevistas. Eso le molesta a los “pundits”, a los comentaristas políticos de oficio, pero es algo que funciona con la gente. La gente necesita escuchar eso una y otra vez. Llamó a la gente a comportarse con valentía. Muy bien.

¿Por qué hace falta la valentía de la gente ante la elección presidencial? Porque la estrategia panista se basa en meter miedo. Un poquito se basa en ese optimismo ramplón de los libros de “superación personal” de tres por peso. “Quiero un México ganador”, repitió Calderón. Ganador, ganar, ganancia. Por ahí va lo suyo. Calderón, como buen banquero que ha sido, quiere un México en donde unos cuantos ganen a expensas de las mayorías. Pero, repito, para debilitar a AMLO, lo que buscan es inculcarle miedo a la gente. El peligro rojo, la cubanización, el chavismo, la violencia de Atenco. Patrañas. O, mejor dicho, una amenaza apenas velada de que van a recurrir a todo para detener políticas que les afecten. Nada que un pueblo organizado y despierto no pueda desactivar.

Hay signos ominosos de que los intereses que están detrás de Calderón, los que quieren a Calderón en la presidencia, los “picudos” como los llama AMLO, están dispuestos a recurrir a trucos muy sucios para detener a López Obrador. En México, ya se sabe que las campañas presidenciales — desde que me acuerdo — van acompañadas de rumores de golpes de estado, asesinatos políticos (incluyendo el magnicidio), etc. Ayer, coincidiendo con el debate, ocurrió ese sospechoso incidente de la camioneta de la esposa del empresario encarcelado Ahumada. Lo sacó el New York Times en una notita interior. Hoy la señora hace responsable a AMLO. Hmm…

Además de eso, nótese el énfasis que Calderón hace en la mano dura ante la inseguridad, una táctica que apela a los prejuicios de la gente común, encabritada por tanto crimen. Es la misma táctica que usan Sensenbrenner y Bush para vender su muro anti-mexicano. Hay que levantar un muro para que esos mexicanos siniestros no entren. Hay que ponerle candados a las puertas. Hay que sospechar del vecino. Etc. A pesar de que — la historia lo demuestra — esos métodos son, en y por sí mismos, absolutamente ineficaces, si no contraproducentes, para afrontar la inseguridad pública.

A la gente, todo esto le debe indicar el tremendo poder que tiene en sus manos: el voto y la defensa del voto a través de la participación y la movilización. ¿Por qué quieren espantarlos? ¿Por qué quieren ahuyentar a los votantes o inducir un voto miedoso a favor del supuesto candidato que ofrece “estabilidad” y “seguridad”? Porque si dejan que la gente piense tranquilamente en las alternativas que se le ofrecen, puede elegir al candidato que mejor puede hacer avanzar sus intereses y necesidades.

Según las cifras oficiales, la mitad de los mexicanos son pobres. A esa mitad pobre de México y a una rebanada grande del resto de la población les conviene votar por un candidato con la trayectoria y las cualidades personales necesarias para poner primero el interés de los que poco o nada tienen y para hacer que los ricos, principales beneficiarios de un México estable, seguro y con masas dotadas de capacidad de compra, paguen impuestos y no tengan otros privilegios que los que su riqueza legal y legítimamente utilizada les brinda.

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